Con todo el respeto a las formas de transformar, observar,
sentir, construir, materializar el mundo. Existen prácticas que respetarlas seria
de dudosa sensibilidad, casi, casi un crimen. Hablo de la ablación del clítoris.
¿El crimen? sentir placer – ¿reduccionismo conceptual?-. Y es que han querido
controlar al ser humano, sobre todo a la mujer, y para ello se recurre a muchos
Dioses, a muchos atropellos, y a muchas injusticias, por esa obsesión histórica
del control.
Pero amputar zonas erógenas materialmente no ha sido la
única forma de frenear esa mala costumbre, esa práctica macabra de de sentir placer. Existen armas más poderosas,
imperceptibles a la vista, donde no llegan los derechos humanos. A través de la cultura, familia, religión, tradición,
la vida en general. Existe un proceso de ablación psicológica del placer, desde
nuestras madres que nos dicen que “no se la demos a cualquier guevon”, “los hombres solo quieren eso” o más extremas “tienes
que llegar virgen al matrimonio” la mujer ha tenido cierta presión social que
la ha padecido y la padece inconsciente o conscientemente en la cama.
Hay ya demasiadas estadísticas que visualizan que muchas mujeres
no tienen o en muy pocas ocasiones orgasmos
a la hora de tener relaciones sexuales. ¿Cuál -si no tener un orgasmo - es el
fin último, primero, constante de las relaciones sexuales? No es de extrañar
que muchas tengan dolor de cabeza cuando su pareja insiste en tener relaciones sexuales.
Es como que te pongan la comida en frente para que la huelas nada más, o es
como probarte la ropa para dejarla en el probador.
Esto es producto de miles de razones, que yo no me sentaré a
imponer, cada quien que haga su ejercicio de introspección, un ejercicio de
darle el valor que tiene el orgasmo. Porque la eyaculación del hombre tenga sentido
utilitario y la nuestra sea por puro placer –hasta ahora no hemos embarazado a
nadie con nuestras eyaculaciones- entonces la nuestra es como marginada. O sea en palabras más explicitas el hombre está casi obligado a eyacular porque
tiene que seguir el ciclo de la vida, y las nuestras son por pura perversión. Porque
en nuestra época todas nuestras relaciones tienen sentido reproductivo –ajá- ¿cómo
osamos nosotras a sentir placer por el placer mismo?
Si los hombres no se siente mal por acabar con
miles y miles de espermatozoides ¡qué desperdicio!
-por eso decidieron hacer ampollas de
semen para no desperdiciar tanto material- nosotras no desperdiciamos nada, no
hay nada en ese fluido, así que la única perdida es dejar para mañana el
orgasmo que puedes tener hoy.
Quizás estas palabras no puedan más que siglos y siglos de
ablación psicológica y material, pero igual y solo las escribo para mí.
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